Análisis ETP
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El cambio climático se ha convertido en uno de los riesgos financieros más importantes en el contexto de la inversión sostenible basada en criterios de ESG....

Muchos inversores se enfocan principalmente en emisores de gases de efecto invernadero o compañías con grandes reservas de combustibles fósiles. Por ejemplo, en el caso de que un gobierno impusiera medidas para reducir las emisiones, estas empresas correrían el riesgo de adaptarse a una economía baja en carbono, mientras que los inversores tendrían que asumir el riesgo financiero. Algunas de las empresas afectadas ya han comenzado a aumentar proactivamente sus inversiones en energías renovables y tecnologías de baja emisión de carbono. Sin embargo, sigue existiendo el riesgo de que sus modelos de negocio se adapten con demasiada lentitud, lo que haría que los inversores tuvieran que enfrentarse a un riesgo significativo para los precios de las acciones y para los dividendos.

En principio, los inversores pueden actuar de dos maneras si quieren reducir los riesgos en la transición a una economía con bajas emisiones de carbono. En primer lugar, las inversiones podrían basarse en índices ESG que excluyan sustancialmente a los emisores de gases de efecto invernadero o a las empresas con grandes reservas de combustibles fósiles. De hecho, cada vez son más los inversores que se comprometen a desvincularse de las inversiones en combustibles fósiles. Esta tendencia hacia la desinversión comenzó con las universidades estadounidenses. En los últimos años, ha aumentado significativamente la cantidad de activos totales a los que estas instituciones se han comprometido a desprenderse. Sin embargo, hay varios puntos a considerar. Por un lado, la exclusión universal de estas compañías priva a los inversores de la posibilidad de influir en la política empresarial de las mismas, en las reuniones de inversores y a través del voto en las juntas generales anuales. Aparte de eso, excluir a las empresas con altas emisiones de CO2 o con reservas de combustibles fósiles de ninguna manera protege a un inversor de los riesgos climáticos - de hecho, una amplia variedad de empresas fuera del sector del petróleo, el gas y la energía se ven potencialmente afectadas. Además, la exclusión de determinados valores puede dar lugar a una menor rentabilidad ajustada al riesgo y a una diversificación menos eficiente de la cartera.

Puede tener sentido, entonces, usar otras estrategias que no sean excluyentes. En lugar de eliminar por completo a las compañías afectadas, la desinversión puede limitarse a compañías que desarrollan nuevas reservas de energía con carbono o que no gestionan adecuadamente el cambio climático. Alternativamente, se podría dar prioridad a las empresas que estén mejor preparadas para gestionar la transición hacia emisiones más bajas. Los estudios han demostrado que puede existir una oportunidad de inversión si un inversor se compromete con las empresas e impulsa su orientación hacia un futuro con bajas emisiones de carbono.  De esta manera, el inversor puede influir en la estrategia empresarial, en la estructura de capital y en numerosos aspectos relacionados con ESG, incluyendo incluso los riesgos del cambio climático. En enero de 2018, 256 inversores, con 28 billones de dólares en activos bajo gestión, lanzaron la iniciativa Climate Action 100+. El objetivo, a lo largo de cinco años, es lograr una mayor concienciación sobre los riesgos climáticos en la gestión corporativa de los mayores emisores de gases de efecto invernadero y reducir las emisiones de CO2. Los estudios han demostrado que este compromiso puede tener efectos positivos en la tendencia de la cotización de las acciones.  El efecto positivo fue particularmente claro cuando el compromiso de los inversores se centró en el gobierno corporativo y en la reducción de los riesgos climáticos.[1]

Los inversores pueden implementar esta estrategia en sus carteras usando varios índices. Por ejemplo, el MSCI ha combinado varios componentes en su ESG Leaders Low Carbon index. El “ESG Leaders” incluye las empresas que cuentan con las calificaciones más altas de ESG en su sector. Compañías de sectores como el alcohol, el juego y la energía nuclear se excluyen. Los índices Low Carbon están estructurados de manera que las compañías que incluyen tienen una “huella” en materia de emisiones de carbono que es al menos 50% menor que la del índice del mercado en general. Esto quiere decir que las compañías con las mayores emisiones de gases de efecto invernadero y con grandes reservas de combustibles fósiles han sido excluidas.

[1] Inversión responsable que reduce la huella de carbono; DWS Global Research Institute, Mayo 2018; Studio: Dimson, Karakas and Li, Agosto 2015.

Fuente: ETFWorld.es

Jürg Schneider 10.6870

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